Odio a los actores
Nunca he conocido a nadie que fuera tan estúpido como para hacerme la rosca. Pero me hubiera encantado. Después de irme al baño a descojonarme frenéticamente durante unos minutos, le hubiera invitado a un cubata, o a unas gafas graduadas.
Como vengo diciendo, los guionistas somos los grandes ignorados de la industria. Metafórica y literalmente hablando, nadie se acuerda nunca de nuestro cumpleaños. Ni siquiera de nuestro nombre.
Hablemos de Fermín Chalado, nombre ficticio de un actor de creciente éxito. A Fermín me lo han presentado, y no exagero, unas diez veces. Como dicen los tarjetones de San Valentín, cada vez es como si fuera la primera. Para él.
Siempre que me acerco a él, con intención de recordarle los pedos que nos hemos pillado juntos, aquella ocasión en la que terminamos ligando con la chinita que venía a vendernos su última peli pirateada, el tío se me acerca con la mano extendida, diciendo: "Soy Fermín Chalado." Ya lo sé, coño. ¿Qué pasa? ¿Es que te han flasheado con la máquina de "Men In Black"? ¿O es que eres como Dori en "Encontrando a Nemo"? ¿Se te acaba del disco duro después de socializar con los peces gordos? Estás chalado, Fermín.
Luego están los actores "¿Qué tal tú, qué tal yo?". Hace poco acudí a ver cómo un grupo amateur perpetraba una obra de teatro. Una actriz a la que no conocía (y sigo sin conocer, afortunadamente) me preguntó, "¿Qué tal?" Cualquiera sobreentendería que el sujeto elidido es tú, pero no. Se trata de un clásico "¿Qué tal YO?". Los actores son así.
Tampoco consigo olvidarme de Julio Pirado, (nombre ficticio.) Era el protagonista de una serie en la que trabajé. Cuando nos presentaron, me dijo: "¿Tú eres escritopor? Cuánto te he odiado." Me sentí único, tocado por la gloria de los dioses, henchido de vanidad, hasta que minutos después oí como le decía lo mismo a otro guionista de la serie.
Yo también te odio, Julio. A todos vosotros, actorcillos. Pero también os amo. Ése es el problema.
