A lo mejor te crees que por ser capaz de mantener un diálogo más o
menos ingenioso con tus colegas ya puedes ser guionista.

Mentira.

A lo mejor estás convencido de que como tu vida tiene tantas
batallitas y tantas movidillas, podrías escribir un blockbuster
autobiográfico.

Y un huevo.

A lo mejor te crees que como rellenas páginas y páginas como una
especie de robocop literario, vas a ser un guionista genial.

Pues no.

Pero hay tres cositas que te ayudarán si lo que quieres es ser
guionista. (¿Seguro? Todavía estás a tiempo de huir.)

Y no, no son drogas, enchufes con el mundo del faranduleo o una
familia con posibles (aunque estos elementos también ayudan, está claro.)

Talento.

Perseverancia.

Curiosidad.

Talento porque la creatividad lo exige.

Perseverancia porque exige mucho esfuerzo y saber tragar un número razonable de decepciones.

Y Curiosidad porque un guionista, que es un inventor de personas, y de mundos, tiene que saber de lo que habla.

A lo mejor estáis pensando. "Ahora resulta que para ser guionista hay que saber física cuántica, no me j****... pero en contrapartida, ser guionista ofrece algo vedado a la mayoría de los mortales. Trabajar soñando y hacer soñar a miles de personas.

De los alicientes, de las dificultades, de los lugares comunes de la profesión, de todo aquello que la rodea, vamos a charlar aquí, y de lo que nos dé la gana. El gran Billy Wilder escribía las iniciales C.D. antes de iniciar la escritura de un guión. Significa "Cum Deo", o sea, con Dios. También decía que no era religioso, pero que toda ayuda era buena para emprender dicha tarea.

Así que con Dios y sobre todo con vosotros, allá vamos.